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El tango como baile no
es solo música y movimiento. Tiene que ver con la comunicación
entre dos personas. Es un lenguaje que se establece entre dos cuerpos,
y a través del cual fluye la sensualidad. Durante unos pocos
minutos, los mismos que dura la canción, se instauran entre
quienes bailan emociones profundas. Y es por esta razón que
el tango está ligado a los sentimientos, y a los sentidos.
Y a la forma en que expresamos lo que sentimos.
Pero, en su fórmula cristalizada, el tango se convirtió
en una danza de exportación, en un emblema del ser argentino.
Y si se dice por ahí que el “tango es macho”, no
es sino porque aún nos cuesta, como sociedad, no ser machistas,
y entender que hay distintas formas de sentir y de ser como individuos.
De ahí el carácter subversivo del tango queer, que mina
en la práctica una danza que a nivel simbólico representa
y promueve los pilares machistas que estructuran nuestra sociedad.
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